domingo, 15 de abril de 2012

El uso de niños en campañas políticas y publicitarias

El uso de niños en campañas sociales y políticas: ¿el fin justifica los medios?
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Mi cuestionamiento al video de los llamados “niños incómodos” no es tanto de incomodidad cuanto de ética. Aun si reducimos la comunicación a su expresión más básica (el quién dice qué, a quién, cuándo y cómo) el asunto es que este tipo de anuncios constituyen una expresión del abuso de los principios fundamentales de la libertad de expresión, al recurrir a ciertas técnicas de persuasión e inducción que ponen a flote una pregunta esencial: ¿el fin justifica los medios?

     Señalo dos de los puntos que me parecen más importantes: el primero es el uso de niños como instrumentos de efectividad publicitaria, es decir, para lograr que el mensaje tenga el máximo de atención precisamente al recurrir a un “signo” cuyo efecto emocional es muy fuerte. El otro punto es la autoridad moral del emisor. Es imposible disociar el mensaje (y esto lo digo porque he escuchado a varias personas señalar que lo importante es lo que se dice) del emisor y del contexto.

     Si a efectividad vamos ¿podemos y debemos aplaudir las técnicas subliminales, emotivas y dirigidas a la parte más visceral del entendimiento que se utilizaron en la Alemania de los años 30? (Véase este video: http://www.youtube.com/watch?v=Wr6TWv6jSws). Fueron tremendamente eficaces, al punto que yo me atrevería a decir que la técnica del mensaje, el contenido o estructura del mismo y la relación con quien lo diseña y lo emite forman una unidad orgánica e indisoluble.

     Comienzo con el primer punto. ¿Por qué me molesta el uso de niños en el manejo de campañas publicitarias o incluso de concientización social? En primer término porque, en efecto, son terriblemente eficaces porque apelan a nuestro lado más sensible, más emotivo y, consecuentemente, menos racional.

     Hace décadas hubo un anuncio estupendo de la Secretaría de Salud en el que aparecía en primer plano el rostro de un niño—además no de uno güerito, de ojos azules, sino mucho más cercano a nuestras características socioculturales—que emocionado seguía una “cascarita” de futbol. La cámara se aleja y panea a los jugadores corriendo, pasando la pelota, etc. Una voz fuera de cuadro nos recuerda que hay que llevar a vacunar a nuestros hijos contra la poliomielitis….La cámara regresa al protagonista que suponemos en la banca esperando su turno. La voz fuera de cuadro insiste: “Si a ti se te olvida, a él nunca se le olvidará” justo cuando la cámara finalmente capta al niño en la banca de cuerpo entero y advertimos que está en muletas y no puede jugar.

     ¿Efectivo? Digamos que hoy en México la poliomielitis está prácticamente erradicada. ¿Ético? Sí, porque no se trata de una condición subjetiva y abstracta, sino de lo que en ese momento era una realidad objetiva y concreta: una enfermedad prevenible que afectaba a un porcentaje de la población infantil. El emisor, a su vez, era la Secretaría de Salud, es decir una instancia no sólo calificada sino obligada a dispensar los tratamientos médicos adecuados, de manera pública y gratuita. Es decir, una instancia socialmente legitimada para llamar la atención sobre un problema de salud pública.

     ¿Habría sido diferente si este mismo anuncio lo hubiera hecho una empresa de seguros o un hospital? No en cuanto a la efectividad, pero sí en cuanto a la ética porque aun cuando se pueda alegar que se trata de crear conciencia sobre un problema de salud pública, su fin último era promover una marca que opera, lógicamente, a partir de una lógica pecuniaria: obtener ganancia. En este caso el fin (la venta de un servicio, la promoción de una marca, etc.) habría subsumido los medios—el uso de los niños como factor emocional—desvirtuando el problema real—la poliomielitis como problema de salud pública—en función del interés privado.

     No cuestiono la legitimidad del interés privado. Una economía de libre mercado presupone la libre competencia de bienes y servicios a través de la publicidad. Mientras se mantenga en esa tesitura, adelante. El problema es (1) cuando el interés privado, que parte de un interés esencialmente pecuniario y especula con la ganancia, se quiere hacer pasar por interés público, es decir, abarcar esos asuntos que están formalmente más allá del mercado y la libre venta de bienes y servicios y, sobre todo (2) recurre a técnicas de persuasión o discursivas orientadas a la emoción, el drama y la exageración utilizando precisamente a quienes no tienen aún ni personalidad jurídica propia ni capacidad de racionalizar o cuestionar aquello que están “promocionando”: los niños.

     Tampoco digo que los menores de edad estén intelectualmente imposibilitados de pensar y entender su mundo, pero en buena medida todavía lo hacen a partir del horizonte vivencial de los adultos. Hay un problema profundamente ético, de falta de respeto a los derechos más elementales, cuando se utiliza para fines “políticos” a un sector de la población que, por Ley, no está facultado para participar en procesos de esa naturaleza y que nadie desea que emulen los aspectos más cuestionables y negativos de nuestra realidad social.

     Tan esto es así que la Organización de las Naciones Unidas para la Protección de la Infancia y la Niñez (Unicef) ha establecido un código de ética para no abusar de los menores en campañas publicitarias: no se debe presentar a los niños en situación de riesgo (por ejemplo, fumando), llevando a cabo actividades no propias de su edad (por ejemplo, disparando armas de fuego, secuestrando, etc.) o apersonando actitudes, actividades o formas de conducta propias de los adultos (véanse las siguientes fuentes: http://www.unicef.org/lac/restituirlosderechosdelainfanciaguiaparaperiodistas.pdf
Y un ejemplo más del gobierno de Malasia: http://www.unicef.org/malaysia/Children-in-Media.pdf

Dice un documento de la Unicef respecto del uso de los niños en cualquier forma de publicidad:

 “ii. They should not be shown in hazardous situations or behaving dangerously in the home or outside except to promote safety. They should not be shown unattended in street scenes unless they are old enough to take responsibility for their own safety.

iii. They should not be shown using or in close proximity to dangerous substances or equipment without direct adult supervision

iv. They should not be encouraged to copy any practice that might be unsafe for a child

v. Advertisements should not by implication, omission, ambiguity or exaggerated claim mislead or deceive or be likely to mislead or deceive children, abuse the trust of or exploit the lack of knowledge of children, exploit the superstitious or without justifiable reason play on fear”

      Asimismo, señala:
Do not exploit: Do not allow children to participate in any media process that might exploit their credulity, lack of experience or natural sense of loyalty. This includes the exploitation of a child’s enthusiasm and being mindful of hours worked.

Aun cuando estas citas provienen de documentos  que son una guía ética tanto para publicitas como para periodistas que cubren asuntos en donde potencialmente los niños podrían estar involucrados, establece una serie de directrices que afectan no sólo la labor periodística, sino también la publicitaria. No se vale que para asegurar la eficacia de un mensaje propagandístico, cualquiera que sea ésta su naturaleza, se utilicen a menores de edad, sobre todo cuando el fin mismo del mensaje no está dirigido a la población infantil propiamente dicha, sino a los actores políticos a quienes, por otra parte, se encasilla como responsables únicos de una situación de la que también son responsables—y mucho—los agentes económicos.

     Eso me lleva al otro punto. La naturaleza real deel “emisor” o, para ser más verídicos, del el enunciante: una supuesta Organización de la Sociedad Civil (llamada Nuestro México del Futuro) que se define a sí misma como “un movimiento social sin precedente a escala nacional que ha convocado a todos los mexicanos a expresar su visión sobre el México en el que les gustaría vivir”. ¿Movimiento social? ¿En serio?

      Formulo la duda porque, en realidad, dicho movimiento más que social es la creación de un grupo de empresarios, aun cuando en la página electrónica que define al movimiento y sus objetivos nunca se hace explícito ese hecho. Sólo en el fondo derecho de la página electrónica aparece un “Derechos reservados 2011 Grupo Nacional Provincial”. Es un caso semejante al de Iniciativa México, Teletón o, más recientemente, un supuesto movimiento ciudadano llamado Alguien Tenía que Decirlo, que resultó en realidad una ficción construida por uno de los integrantes de la familia González Torres, dueños de farmacéuticas y que han vivido de contratos con el sector público y de los privilegios e incentivos tanto burocráticos como fiscales.

     ¿Son los empresarios miembros de la sociedad civil? Por supuesto, en su calidad de individuos o, para ponerlo en términos fiscales, en su calidad de personas físicas. No así en su calidad de personas “morales”, es decir, como empresas o corporaciones que evidentemente obtienen beneficios de diversa índole—incluyendo lucrativos—con este tipo de iniciativas, a las que suelen utilizar más para fines de reducción de pagos fiscales que para realmente generar un beneficio social. Esta distorsión del concepto movimiento ciudadano y espontáneo, sirve de parapeto para intereses no públicos, sino privados, lo cual entraña una doble moral:

1. En el caso que nos ocupa por un lado se cuestiona a los legisladores y al Gobierno Federal como ineptos o ajenos a la realidad social, cuando son precisamente esos  legisladores y ese Gobierno los que han generado las condiciones legales y materiales para que estas empresas, parapetadas en un movimiento ciudadano, se desarrollen y tengan márgenes de ganancias exorbitantes, rara vez vistos en países como Estados Unidos, Canadá o los que integran la Comunidad Europea.

2. Precisamente gracias a esos legisladores que cuestionan a través de los niños, es que estas empresas gozan de algo que se llama “régimen de consolidación fiscal”, gracias al cual han podido diferir el pago de impuestos por un monto superior a los 36 mil millones de pesos (los datos los ha hecho públicos el legislador Mario Di Constanzo: además de los Legionarios de Cristo, Walmart, Cemex, Bimbo y FEMSA, son patrocinadores del video "niños incómodos". Estas empresas deben 36 mil millones en impuestos diferidos" Por no decir nada de Bailleres y sus empresas Palacio de Hierro y GNP).

     ¿Se imaginan qué se podría hacer con ese monto (superior, por ejemplo, a todo el presupuesto de la Universidad Nacional Autónoma de México) si, en vez de organizar espectáculos como el del Teletón, se aplicaran a los servicios públicos de salud o educación?

     En suma, me parece que el video de los niños “incómodos” es un abuso contra la libertad de expresión no sólo por el maniqueísmo fácil que maneja y el uso de técnicas de persuasión emotivas, sino también porque:

I. El mensaje no nos dice nada nuevo, nada de lo que no estemos conscientes. Precisamente el objetivo del mensaje es penetrar en la parte subconsciente, en la parte afectiva y menos racional de la persona: su objetivo no es concientizar, sino hacernos “reaccionar” ante un estímulo visceral.

II. Los emisores carecen de la autoridad moral al no exponer públicamente que, más que un punto de vista ciudadano, expresan el punto de vista de un grupo de empresas que tienen mucho que ganar con este tipo de presiones

III. Por el contexto en el que se lanza el mensaje, es decir, justamente durante el proceso electoral ¿Por qué no haberlo hecho antes o después? ¿No hay acaso una clara intencionalidad política más que ciudadana o social en este tipo de campañas?

IV. Por el uso de un sector de la población que está excluido de participar legítima y legalmente en el mismo proceso al que la campaña alude.
    

viernes, 30 de marzo de 2012

Conferencia Interamericana de Derechos Humanos y Libertad de Expresión

El 26 y 27 de marzo de 2012 se llevó a cabo la Conferencia sobre el Sistema Interamericano de Derechos Humanos y la Libertad de Expresión, en el Washington College of Law, de la American University.

     La conferencia fue organizada por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos que, con la Corte Interamericana del ramo, ambas dependientes de la OEA, configuran el Inter-American Human Rights System; la Sociedad Interamericana de Prensa, cuyo actual Presidente es Milton Coleman, editor en jefe del Washington Post; la Stanford University Law School y el Washington College of Law, de la American University.

     El objetivo fue analizar, desde el punto de vista jurídico y del ejercicio profesional de la información, la tipificación de cualquier acto que  vulnere el ejercicio del periodismo como delito contra la libertad de expresión y, consecuentemente, objeto de interés jurídico tanto de la Comisión como de la Corte Interamericana de Derechos Humanos. El punto no de deja de ser complicado por cuatro razones:

a) La infraestructura real con la que cuentan tanto la Corte como la Comisión para atender todo el Continente (ambas atienden un universo potencial de casi 900 millones de habitantes, con menos de la mitad de los recursos humanos y financieros de su contraparte europea, que atiende un universo potencial de 300 millones de habitantes)

b) Las características políticas y las tensiones de muchos países de la región respecto de la cultura de los derechos humanos y el respeto a la libertad de expresión

c) El que el gobierno de Estados Unidos y el de Canadá se han negado a ratificar la Convención Interamericana de Derechos Humanos

d) La dificultad de compaginar, vincular o armonizar las legislaciones locales en materia de libertad de expresión con los principios universales adoptados por la Comisión y con la jurisprudencia y los fallos dictados por la Corte Interamericana de Derechos Humanos.

     Participaron académicos y estudiantes de Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Ecuador, Estados Unidos, Honduras, México, Nicaragua, Perú y Venezuela. El contingente mexicano estuvo integrado por 3 estudiantes de la Facultad de Derecho y 2 de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM y un servidor como representante académico, con la participación de la maestra Gloria Valek.

     La conferencia se dividió en 6 Paneles, repartidos en dos días, una cena de bienvenida y una visita
a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, con sede en Washington, D.C.    

     El primer panel fue una introducción amplia de cómo está articulado el sistema interamericano de derechos humanos; cuáles son sus principios deontológicos y jurídicos, su estructura operacional y los retos y tensiones que enfrenta desde el contexto político y económico.

     El segundo panel abordó el tema específico de la libertad de expresión como principio consustantivo de la democracia, su gradual desarrollo en los países del Continente y las presiones a las que frecuentemente se ve sometido por la disparidad entre regímenes que apenas están transitando hacia la democracia y las condiciones precarias que los periodistas y medios enfrentan para ejercer su cometido (piénsese que México es hoy el país más peligroso del Continente y uno de los más peligrosos del mundo para ejercer el periodismo).

     El tercer panel tocó el tema de los medios alternativos para la solución de conflictos en materia de libertad de expresión (i.e., no todos los casos requieren llegar al plano del litigio internacional y otros ni siquiera al plano del litigio local). Por otra parte, se discutieron aquellos casos en que los fallos de la Corte o su jurisprudencia han llevado a varios países miembros a realizar cambios sustantivos en su legislación vigente en materia de libertad de expresión, derecho a la información y protección al ejercicio del periodismo.

     El cuarto panel analizó las diferentes normas y criterios en materia de limitantes que los Estados miembros han impuesto al libre ejercicio del periodismo, particularmente los de Desacato y Difamación (que se recomienda sean despenalizados, para agotarse dentro de las instancias de los juicios civiles) y, en Estados Unidos, el uso del combate contra el terrorismo (Patriot Act) como un instrumento de presión para obligar a los periodistas a revelar fuentes o que su material informativo sea incautado y/o censurado.

     El quinto panel discutió las recomendaciones que algunas Universidades de la región desarrollaron en un ejercicio previo a la Conferencia, orientadas a impulsar políticas públicas contra la impunidad de la que gozan aquellos regímenes o actores sociales que violan o vulneran la libertad de expresión, así como alternativas a la relación entre los etados nacionales y los organismos internacionales, la selección de casos que debe abordar la Corte Interamericana, etc. Señalo que en este ejercicio participaron, por parte de México, la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez y la Universidad Autónoma de Guadalajara.

     El último panel fue, en realidad, una sesión de trabajo grupal entre estudiantes y académicos que, divididos en grupos de seis, mezclando en cada uno periodistas y abogados de los diferentes países, debían responder a una serie de interrogantes sobre cómo hacer más efectiva y eficiente la interacción entre la Comisión y la Corte Interamericana de Derechos Humanos y el marco jurídico en torno a la libertad de expresión que se contempla en cada país, así como el análisis de mecanismos alternativos para la resolución de conflictos en este campo y cómo flexibilizar la obtención de recursos humanos y financieros para la operación de la Comisión y la Corte.

     Al término de éste, cada grupo nombró a uno o dos relatores para que presentaran ante el “pleno” los acuerdos y resoluciones adoptados según cada una de las grandes líneas temáticas que se abordaron en la conferencia. En todos los casos los grupos nombraron como relatores a estudiantes, lo cual le dio un sentido de espontaneidad crítica muy enriquecedora a los debates finales.

     Me parece que la conclusión fue muy valiosa: independientemente de las políticas oficiales que las cancillerías de los gobiernos locales sigan respecto de la OEA, la Corte y la Comisión, se acordó que las Universidades locales pueden y deben jugar un papel más activo en la promoción de una cultura de los derechos humanos en cada país y como espacios de mediación entre el ejercicio de la libertad de expresión y el desarrollo e instrumentación de políticas públicas de los gobiernos regionales para reconocer y atender los casos en que se violen o afecten los principios de la libertad de expresión y que, en caso de duda, los sistemas jurisdiccionales locales adopten o se guíen por los fallos y la jurisprudencia emitida por la Corte Interamericana de Derechos Humanos.

domingo, 4 de marzo de 2012

Racionalidad instrumental y cultura político-informativa

                              Racionalidad instrumental y cultura político-informativa
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Nota Bene: Este texto fue preparado para el Observatorio y Monitoreo Ciudadano de Medios, OMCIM, A.C. Agradezco a Regina Santiago sus amabilidades: http://omcim.org/
 Sobre el sentido de dos incidentes durante el período de intercampañas
El Presidente Calderón reinauguró la guerra sucia. En un ámbito privado, donde el contexto del discurso imponía una reflexión de carácter económico financiera, abrió fuego con un comentario sobre el crecimiento de Josefina Vázquez Mota, candidata presidencial del PAN, en las preferencias electorales. No sólo tocó un tema que desplazó el sentido de la reunión a un contexto distinto—y el Presidente de la República, menos que nadie, podría fingir inocencia ante el hecho que cualquier pronunciamiento suyo encontraría eco mediático—sino que lo hizo apelando a una referencialidad dudosa: una casa encuestadora de poca monta que, sin explicar con claridad su metodología, propuso un salto cuántico respecto de Enrique Peña Nieto, el hasta ahora puntero en prácticamente todas las mediciones.
       Puede especularse de distinto modo sobe el sentido de la estrategia. La interpretación más primaría sugiere una suerte de espaldarazo a una candidata que, en el pasado reciente, aparentaba no ser la preferida de Calderón. También puede pensarse que detrás de la declaración del Presidente, había la intención de darle la vuelta a la veda electoral que todos los candidatos presidenciales deben observar para abrir una trinchera en la que, con gran facilidad, cualquiera de los demás podría caer. Después de todo, el Presidente no es candidato y en cierto sentido “habló” a nombre de uno de ellos.
      ¿El objetivo? Crispar los ánimos a fin de provocar una reacción emotiva de los otros abanderados; conociendo, sin duda, la susceptibilidad y suspicacia que afecta en particular a López Obrador, no es descabellado suponer que había la intención de obligarlo a una declaración imprudente—una acusación semejante al “ya cállate chachalaca” que el tabasqueño pronunciar contra Fox hace seis años—con lo que no sólo lo habría exhibido, sino que lo habría orillado a romper la veda electoral y, consecuentemente, a ser sancionado por el IFE. Habrá que reconocer que, en esta ocasión, López Obrador no cayó en la provocación, lo cual revela, cuando menos, que en eso sí ha aprendido de sus errores.
     No obstante, me parece que el objetivo más claro—y que forma parte de una estrategia y no de un hecho circunstancial—fue el de ir generando lo que Pierre Bourdieu llama el illuso de que esta elección en realidad se reduce a dos contrincantes: el del PRI y la del PAN. Se presenta así la idea que López Obrador está demasiado lejos de ambos como para que sobre todo los electores indecisos –que bien pueden definir la elección—mal gasten su voto en él. Se trata de una operación en la que lo ideal es crear un ámbito electoral de carácter estrictamente bipartidista: o el PRI o el PAN, a semejanza del modelo norteamericano (demócratas o republicanos) y, en menor medida, del británico (laboristas o conservadores).
     Y digo que es una estrategia, porque ese “hecho” aparentemente aislado en que el Presidente presenta información poco confiable para legitimar a la candidata de su Partido, se liga con el “borrego” que Reforma y Proceso dieron a conocer en el sentido que Enrique Peña Nieto habría prometido al electorado femenino impulsar mejores contenidos en las telenovelas, a fin de presentar nuevos modelos de convivencia y de respeto de género. Al margen de un debate sobre este punto, varias cosas resultan interesantes:
(a)    Ninguno de los dos medios al parecer verificó la autenticidad de la fuente. Simplemente dieron por bueno un documento que si bien contenía el logotipo del PRI, fue desconocido por éste.
(b)    Ambos medios, pero en especial Reforma quien originalmente lo dio a conocer, se convirtieron en enunciantes políticos, es decir, desplazaron a los actores políticos para asumir ellos mismos la función emisora. Nuevamente, se trata de darle la vuelta a la llamada veda electoral inter-campañas. Aquí, como en el caso de la declaración del Presidente, hay una trampa de mala fe, pues saben que los aludidos (Peña Nieto y López Obrador) no pueden responder, so pena de incurrir en una falta electoral. Así, abren un frente de batalla que no puede ser pisado por el contrincante, lo cual resulta, cuando menos, en una grave falta a la ética informativa: no se verificó la autenticidad del documento de referencia y se aprovecha un momento del proceso electoral en el que los aludidos están obligados a guardar silencio.
(c)     En este caso se aprovechó un hecho que, por otra parte, resulta inevitable: la relación estrecha que guarda Enrique Peña Nieto—candidato por otra parte carente de elocuencia y visión de Estado—con la empresa Televisa, relación que parece subrayarse por su matrimonio con una de las estrellas de dicha empresa. Es decir: aun si el documento no es en realidad parte programática de la política del PRI, dadas las circunstancias personales de Peña Nieto (particularmente después de sus desafortunadas declaraciones en materia cultural y de economía doméstica), resulta perfectamente creíble que lo pudiera haber propuesto. Quien diseñó la estrategia evidentemente sabía cómo y a dónde dirigir el misil.
     Querámoslo aceptar o no, este tipo de operaciones revela una vez más, por si hiciera falta, que no hay tal cosa como la neutralidad informativa y que, de hecho, los medios de información también son actores políticos. Esto no tiene en sí nada de escandaloso. Ya Orson Wells nos obsequió, en El Ciudadano Kane, una radiografía del sentido político que puede adquirir un medio de información. Lo cuestionable es la falta de claridad del propio medio para asumirse como tal; es decir, el juego de hacerse presentar como un espacio profesional e independiente cuando en realidad hay una clara filiación ideológica o una marcada preferencia a favor o en contra de quienes legítimamente participan en el proceso electoral.
     No sugiero que Reforma o, mucho menos, Proceso le quieran hacer el caldo gordo a la Presidencia de la República. Pero sí es preocupante que, en vez de tomar distancia ante un documento de procedencia cuestionable, se dejen llevar (así sea involuntariamente) por el arrebato de azuzar un juego de dimes y diretes que poco ayuda a la construcción de una racionalidad argumentativa. Así, en vez de constituirse en espacios de mediación entre la sociedad civil y el poder político, ayudando a clarificar los términos del debate político y poniendo sobre la mesa la posible falta de confirmación de un documento o de un dato estadístico, se cargan de modo doloso hacia uno u otro extremo, distorsionando o cuando menos ayudando a enrarecer el clima político en un momento especialmente delicado.
     Ambos incidentes: la exaltación numérica de Josefina Vázquez Mota y la supuesta propuesta televisual de Enrique Peña Nieto, revelan la enorme distancia que separa la ética y la responsabilidad informativa—como ingredientes de una cultura democrática—de una práctica periodística orientada al sensacionalismo de ocasión, es decir y parafraseando a Weber, lo que separa una acción discursiva orientada a valores (sustentada en una racionalidad ético normativa), de una orientada a fines (sustentada en una racionalidad instrumental). Mientras nuestra industria mediático-informativa no asuma con claridad una ética normativa en su ejercicio, estamos frente a una forma distorsionada de la libertad de información: se ejerce no en función de la claridad y el entendimiento documentado de los hechos y discursos, sino del interés pecuniario o ideológico.
      Exigimos mucho a nuestra clase política en cuanto a su falta de claridad ideológica, su madurez discursiva y su capacidad para llegar a acuerdos o resolver problemas. ¡Qué bueno! Eso es un signo vital de la inteligencia social. Pero creo que es también nuestra obligación exigir de los medios de información un compromiso de carácter ético. Si éstos tienen ya una determinada preferencia, o bien, su contrario, una aversión política, que lo hagan editorialmente explícito.
     Creo que es válido argumentar que todo aquel que tiene la oportunidad de utilizar e incidir en el espacio público (desde los actores políticos y los líderes sociales, hasta, muy principalmente, los medios de información), están éticamente obligados a asumir esa responsabilidad—que es, también, un privilegio—a partir de un código de ética y una instancia ante la cual los ciudadanos podamos acudir para solicitar precisión y claridad de posicionamiento.
                                                          oOo

miércoles, 15 de febrero de 2012

Conceptos Elementales de la Teoría de la Estructuración de Anthony Giddens

Anotaciones introductorias a la Teoría de la Estructuración que desarrolla Anthony Giddens en La Constitución de la Sociedad

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Anthony Giddens, como Pierre Borudieu y Jürgen Habermas, desarrolla un trabajo teórico orientado en una doble dirección complementaria.

     Por un lado busca analizar los elementos objetivos que dan forma a los sistemas sociales ya estructurados (es decir, lo que se conoce como propiedades estructurales del sistema): el modo en que éstos imponen diversas constricciones normativas, económicas, políticas y culturales (en este último caso, por ejemplo, la lengua, el modo de vestir, la definición identitaria a partir del género) a los agentes sociales; el modo en que éstos interpretan ciertos roles y expectativas y los ejecutan y cómo estas operaciones se objetivan en las prácticas y procesos sociales cuya gradual rutinización eventualmente se naturaliza en los agentes (internalización), permitiendo una reproducción más o menos estable y continua del sistema social.

     En cierto sentido, esta perspectiva no difiere sustancialmente de las posturas desarrolladas por el funcionalismo (por ejemplo, la referencia a la conformación de roles de acuerdo a normas y expectativas), el estructuralismo (la referencia a la constricción del sujeto dentro de límites estructuralmente definidos por el propio sistema) y la teoría de sistemas (la referencia a los procesos por los que todo sistema articulado tiende a cerrarse en sí mismo—auto-referencialidad—y reproducirse de la manera más eficiente posible).

     Sin embargo, y por otro lado, busca comprender cómo la acción misma de los agentes sociales, al actualizar en la práctica las propiedades estructurales del sistema, no meramente las reproduce (como sí ocurre, por ejemplo, en una colmena o en una manada), sino que las matiza, las adecua y las “particulariza”, de tal forma que gradual y lentamente los va modificando y transformando, con lo que lo ya estructurado se va gradual y lentamente restructurando.

    Para Giddens este proceso puede comprenderse a partir de lo que llama dualidad de la estructura. La idea es comprender la relación dual entre el espacio estructurado en el que la acción individual y colcectiva son posibles y el modo en que, a través de ésta, dicho espacio se reestructura o modifica. No es una teoría de la revolución (que es otro modo de transformación más evidente y requiere de un análisis distinto, pues sí implica una ruptura), sino una teoría del cambio o, más precisamente, de la dialéctica entre la permanencia del sistema y la modificación de algunas de sus propiedades estructurales.

     Dos ejemplos sirven para ilustrar esta idea. Pensemos que el castellano que hablamos y escribimos hoy difícilmente guarda una relación práctica con el que se hablaba y escribía en el Siglo XVII; y sin embargo, sigue siendo castellano. En otras palabras: el lenguaje ya estructurado se encuentra continuamente en un proceso de restructuración precisamente porque es apropiado, utilizado y transformado por los agentes sociales.

     Lo mismo ocurre con la moda. En los años 20 del siglo pasado sería impensable que un empleado bancario se presentara a trabajar sin traje y corbata, o bien, que un señor o una señora de cierto grupo social salieran a la calle sin sombrero. Hoy, sin embargo, aun cuando el banco sigue siendo un banco y la vida en las calles transcurre como hace 60 años, sería raro ver a una señora o a un señor de sombrero y los empleados bancarios, sin dejar de serlo, no necesariamente despachan de traje y corbata.

    No se trata de que haya habido una revolución o una transformación radical de las propiedades estructurales del sistema; pero innegablemente ha habido un cambio, que ha modificado las normas, las expectativas y los modos de interacción de los sujetos sociales, gracias a lo cual el sistema social sigue operando. Podría decirse que se da la paradoja (o, para utilizar un término sociológico, la dialéctica) que la reproducción del sistema depende de su transformación gradual y permanente. Aquello que no se transforma, perece.

     Giddens propone como eje de su teoría el concepto de estructuración, es decir, la idea que un sistema social no aparece ya estructurado como tal y lo único que hacemos los sujetos sociales es reproducirlo tal cual, sino que es gradual y continuamente estructurado, es decir, constituido y modificado por los propios integrantes del sistema.

    La idea de sistema, es decir, se una estructura que define ciertos límites espacio-temporales a la acción, la guía y contiene, es socialmente necesaria, porque sólo en la relativa certidumbre de la continuidad más o menos previsible del sistema puede darse lo que él define como seguridad ontológica. Se sabe lo que uno es (o cuando menos se cree o se intuye) sólo en la medida en que uno se puede referir a un sistema estructurado, dentro del cual se ocupa una posición y se sigue una trayectoria. De otra manera, estaríamos perdidos en la incertidumbre y difícilmente podríamos tener una serie de convicciones y seguridades sobre lo que somos, lo que podemos hacer y hacia donde vamos.

     La estructuración es la capacidad que tienen los agentes sociales para internalizar las diversas propiedades estructurales de un sistema, apropiárselas y utilizarlas en su propio beneficio. ¿De qué sirve una determinada estructura—por ejemplo, el lenguaje—si ésta no es actualizada en la práctica? ¿Podemos imaginarnos una lengua perfectamente estructurada pero que nadie la hable? Hablar una lengua es usarla, es decir, es llevarla a la práctica y, consecuentemente, adecuarla, matizarla, transformarla.

     Para Giddens, de hecho, más que sujetos sociales (alguien que está sometido, absolutamente constreñido por un conjunto de reglas y disposiciones) y más que meros actores sociales (alguien que reproduce un papel, que sigue un libreto prescrito y simplemente lo ejecuta), los integrantes de un sistema deben definirse como agentes sociales. La idea de agencia está ligada al principio de negociación, de diligencia, se oficio: la capacidad que tenemos de negociar nuestra posición y nuestra trayectoria social, de incorporar ciertas y cosas y desechar otras, de modificar y dar un giro personal o grupal a las propiedades estructurales del sistema (como sería el caso, por ejemplo, de los giros idiomáticos y el acento que dan los mexicanos, los argentinos o los españoles a esa sistema común que es la misma lengua, o bien, incluso dentro de un mismo conjunto estructural—por ejemplo, México—el modo en el que el habla se regionaliza y adquiere incluso un carácter de “clase” social).

     El agente social no meramente reproduce un papel, sino que genuinamente lo interpreta (lo que Thompson, siguiendo a Schütz llama hermenéutica de primer grado), es decir, hace suyas, internaliza, ciertas convenciones, normas, expectativas, etc., y las reconstruye como parte de un proceso práctico de interacciones que, con base en un posicionamiento espacio-temporal, le permiten literalmente configurarse de manera más o menos individual dentro de un conjunto de relaciones (que es precisamente lo que el investigador social re-interpreta, es decir, lo que Thompson, nuevamente siguiendo a Schütz, llama hermenéutica de segundo grado, o reinterpretación de un mundo socialmente pre-interpretado por los propios agentes sociales).

     La apropiación o internalización de las propiedades estructurales de un sistema suele operar en un doble plano. Por un lado, el agente social aprende a desarrollar una conciencia recursiva de su realidad: “sabe” de modo espontáneo a qué elementos debe recurrir o cuales son los recursos con los que cuenta como parte de esa estructuración de sí mismo que lleva a cabo.  Por otra parte, el agente social puede desarrollar una conciencia discursiva, es decir, la capacidad no sólo de saber a qué elementos puede recurrir como parte de la su propia construcción intersubjetiva, sino la habilidad para objetivarlos lingüísticamente: elaborar su propio discurso como un mecanismo que le permite interactuar y relacionarse y, al mismo tiempo, negociar, defender o cuestionar el entorno dentro del cual opera.

     La construcción del agente social, dentro del marco de la seguridad ontológica que en cierto sentido brinda el sistema estructurado, es determinante en la formación de su propia identidad subjetiva y de las identificaciones que puede establecer con ciertos grupos, causas, movimientos, etc.


sábado, 10 de diciembre de 2011

¿Deben leer los políticos?

¿Deben leer los políticos? La respuesta, creo, es afirmativa. No sólo para evitar simulaciones que los ponen en ridículo o para tener acceso a una fuente generosa de citas y referencias para enriquecer o adornar sus discursos, sino sobre todo porque el político es, también, una persona: un ser dotado de humanidad, inteligencia y, uno quiere pensar, de ética y principios morales.
     La lectura no resuelve la falta de éstos. Se ha dicho hasta el cansancio: quod natura non dat, Salamantica non prestat. Pero sí constituye un ejercicio que invita la mesura, afina el juicio, mejora la memoria y conecta el alma con el entendimiento. Propongo una serie de aforismos que tienen que ver con la lectura. Están invitados a agregar los suyos.
1. Leer no es un asunto de erudición personal. En realidad es una forma de aprender a conversar con otros. Conversar escuchando en silencio
2. Por eso es importante que los políticos lo hagan. Leer es también aprender a escuchar.
3. La palabra escrita, la palabra leída, es parte del nutrimento de la inteligencia. Afina el gusto, abre el diafragma del horizonte
4. El proceso de síntesis mental y emocional a la que nos lleva la lectura eventualmente llega a la euforia del entendimiento y al gozo de la comprensión
5. Leer es descorrer cortinas, asomarse a un ventanal y abrirlo para respirar un aire nuevo, distinto
6. No todas, pero sí muchas de las mejores conversaciones que se pueden tener son con los libros
7. También es posible aprender a amar leyendo
8. También de libros viven la mujer y el hombre
9. No es casual la simetría fonética y semántica entre libro y libre

martes, 29 de noviembre de 2011

Resúmenes Académicos

En aras de mejorar la calidad académica y de ofrecer un análisis sintético, ofrezco a los atribulados por la teoría los siguientes resúmenes:
Foucault: Cada cosa en una palabra y una palabra para cada cosa...¡Qué cosa, palabra!

Marx: A cada quien según sus afinidades, a cada quien según sus necedades


Habermas: Hablando se entiende la gente

Hegel: Esto, lo otro y todo lo contrario
Kant y Newton: A cada razón pura corresponde una razón práctica de igual fuerza y magnitud, en sentido contrario, que se convierte en juicio estático

McLuhan: En medio está el mensaje
PD: Si McLuhan fuera feminista: El mensaje está en las medias
Si fuera freudiano: El masaje está en el medio

Descartes: Pienso, luego estorbo
Si Descartes fuera beodo: Pienso, luego sorbo
Y si votara por Cordero: Existo, luego ¿pienso?

lunes, 21 de noviembre de 2011

Enrique Peña Nieto y Marcelo Ebrard: ¿Carlos Salinas contra Manuel Camacho?

Nots para un ajedrez político

No ha faltado quien vea en la civilidad política de Marcelo Ebrard plan con maña. Si algo le reveló la encuesta es que de ir como candidato contra López Obrador ninguno de los dos habría ganado y sí, en cambio,m él personalmente habría perdido mucho (i.e., habría pasado como el que traicionó a su mentor y sin tener la base ni el arrastre social de AMLO habría comprometido seriamente su futuro político). Haya tomado la decisión de respetar los resultados de la encuesta por convicción ética o por cálculo pólítico (que también se vale), lo cierto es que Ebrard ha quedado como un hombre cabal, racional, mesurado y respetuoso, al tiempo que asegura un puesto de prominencia en el próximo gobierno--en el caso de un triunfo de las izquierdas--lo que le permitirá construir una plataforma política más amplia y, sobre todo, con proyección nacional.  Y en caso de que pierda López Obrador--escenario también sumamente probable--de todos modos Ebrard queda bien parado ante la izquierda y ante la opinión pública y podrá proceder, desde lo que quede de las izquierdas, a construir su candidatura.

     Nada de esto me parece condenable. Mal haría un político en no tener un dejo de utilitarismo y, también (porque, ojo, NO son la misma cosa), de pragmatismo. Lo que me resulta interesante es saber hasta qué punto Ebrard ha consultado las cosas con su mentor político original, es decir, con Manuel Camacho Solís. Camacho Solís sabe lo que es dejarse llevar por el influjo de la popularidad y creerse ya el "seguro" para la grande y, también, lo duro que es el golpe, la caída, el no poder llegar habiéndolo tenido todo. Camacho Solís bien sabe que él ya no tiene un futuro político. Cuando menos, no lo tiene en la primera línea, en el ataque frontal. Para bien o para mal, se sabe una suerte de Richelieu: un operador político todo lo más eficiente e influyente cuanto menos visible sea.  No es imposible suponer que Ebrard haya consultado con Camacho y que éste le haya recomendado mesurarse, dejar que las cosas tomaran su rumbo y actuar como aquel que se supo sacrificar por el bien mayor (a fin de no repetir el terrible error que el propio Camacho cometió al no obtener el respaldo de Salinas).

     Y esto me parece especialmente interesante porque, si se ve desde cierta óptica, las próximas elecciones de alguna manera volverán a enfrentar, así sea de manera indirecta, a Carlos Salinas de Gortari y a Manuel Camacho Solís. El primero contendrá a través de esa echura tan especial que se llama Enrique Peña Nieto, quien, para muchos, lleva todas las de ganar. El segundo lo hará a través no de López Obrardor, sino de Marecelo Ebrard.

     Para pocos es noticia la cercanía entre Carlos Salinas de Gortari, el grupo Atlacomulco y Enrique Peña Nieto. Aun si a éste no se le considera un cachorro o una echura de esa relación política, lo cierto es que forma parte de una égida política muy poderosa, con abundantes recursos financieros y con un proyecto empresarial muy claro. No nos equivoquemos. El PRI que está por venir, si gana, no será aquel partido defensor del nacionalismo revolucionario, la rectoría económica del Estado y del control político a través del corporativismo partidista sectorial. El PRI que está por venir es un partido "moderno" en ese sentido empresrial y emprendedor con el que se están educando a las elites financieras en el Tec de Monterrey o el ITAM. Una visión eficientista, de alta competitividad económica, abierto a la participación cada vez mayor del sector empresarial en las que anteriormente había considerado áreas estratégicas de la economía y mucho más dado al alto rendimiento económico, que a la regulación y el control políticos.

     Si algo ha abandonado el nuevo PRI es, precisamente, todo aquello que caracterizaba a lo que podríamos denominar el "PRI histórico": la ideología liberal en el sentido que la entendió y la definió Jesús Reyes Heroles; el vínculo entre política e intelectualidad; la lógica del Estado como centro rector, más que como aparato gestor, de la vida pública nacional y la convicción de una soberanía nacional como fundamento del quehacer político sustentado en la tradición histórica de México (es decir, el PRI como heredero de la gesta de la Independencia, la Reforma y la Revolución). El nuevo PRI es un partido de corte empresarial, promotor del capitalismo financiero y de la política como gestoría administrativa para el florecimiento del libre mercado y de la inversión financiera, venga ésta de donde venga. Ya de hecho Peña Nieto ha dado entender que no se opondría a una mayor apertura de PEMEX a la participación del capital privado.

     Todo esto está muy en línea con la visión política y con el modo de gobernar de Carlos Salinas de Gortari. No es de hecho casual que haya sido precisamente él quien eliminara del PRI aquel Instituto de Estudios Políticos y Sociales (IEPES), el que aglutinaba en su seno a una parte considerable de la inteligencia mexicana: Gonzalo Martínez Corbalá, Víctor Flores Olea, Henrique González Casanova, Enrique González Pedrero, Ifigenia Martínez, Rodolfo González Guevara, el propio Porfirio Muñoz Ledo y Manuel Camacho Solís. Este es, precisamente, el grupo que rompió con el PRI en 1988, en buena medida por no estar de acuerdo con el modo en que el creciente grupo de tecnócratas economicistas encabezados por Miguel de la Madrid estaba operando el gobierno. El IEPES constituía no sólo la conexión más importante entre el poder político y los intelectuales, sino que actuaba un poco como la conciencia histórica del Partido.Salinas fue, un tiempo, Director del IEPES. Seguramente advirtió lo complicado que sería para el PRI tecnoncrático echar a andar sus políticas teniendo que enfrentar, desde dentro del propio partido, las críticas de intelectuales notables y respetados y prefirió eliminar ese Instituto.
   
     Paradójicamente, quien hoy defiende las tesis del PRI histórico es precisamente el núcleo central que opera alrededor de Andrés Manuel López Obrador y, de manera más específica, Manuel Camacho Solís, mentor político de y aliado cercano a Marcelo Ebrard. Ebrard nunca fue, a mi parecer, miembro del IEPES o, cuando enos, miembro destacado del IEPES. Pero conoció a Camacho Solís en el El Colegio de México y fue gente muy cercana a éste. Cuando Camacho fue nombrado Jefe del Departamento del Distrito Federal (antiguamente Regente), Ebrard llegó a ser Secreatrio General de Gobierno. Con inteligencia y sagacidad Camacho y Ebrard supieron acercase y trabar alianzas con sus viejos correligionarios, encabezados por López Obrador, y se dejaron arropar por una izquierda que, después del cardenismo, se había quedado sin discurso y sin propuestas.

     Hoy, las condiciones políticas vuelven a enfrentar a los que antiguamente formaban parte del mismo Partido pero que diferían respecto del modo de gobernar. En cierto sentido, Carlos Salinas de Gortari apuesta por la continuidad del PRI que él ayudó a transfigurar, a través de Enrique Peña Nieto, mientras que Manuel Camacho Solís--como el operador de esta alianza de izquierdas a través de frentes amplios--busca recuperar el modelo del antiguo PRI, es decir, del PRI histórico a través de Andrés Manuel López Obrador y preparando a Marcelo Ebrard para que, sea que triunfe el Peje o no, esté listo para la sucesión del 2018.

     Se trata de un ajedrez político en el que los jugadores de antes mueven sus piezas (alfiles, torres y peones), manteniendo vigente--acaso sin darse cuenta--aquella antigua oposicion histórica entre liberales y conservadores que marcó el reloj político del México décimonónico. ¿Estrán Peña Nieto, López Obrador y Marcelo Ebrard a la altura de jugadores de una historia que, en cierto sentido, los trasciende?