domingo, 27 de mayo de 2012

Lindes y deslindes: de la primavera al otoño, sin conocer el verano

Lindes y deslindes
De la primavera al otoño, sin conocer el verano
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En mi colaboración anterior comenté que había tres líneas discursivas compitiendo por la cohesión semántica de lo que sigue siendo, todavía, una movilización estudiantil: (a) la que se pronuncia en contra de la manipulación mediática de la información y del voto; (b) la que se pronuncia abiertamente contra el PRI y Enrique Peña Nieto y (c) la que se pronuncia abiertamente a favor de Andrés Manuel López Obrador.
     Aunque todavía hay muchas imprecisiones, la cohesión semántica del movimiento tiende, sobre todo, al inciso b), pero manteniendo una difícil y contradictoria relación con el inciso a). Prefiero no entrar en tecnicismos analíticos y me apoyo en las declaraciones del encuentro estudiantil en Tlateloco, ayer, sábado 26 de mayo de 2012, según lo reporta La Jornada de hoy 27:
Declaración A: “No queremos que llegue el PRI para gobernar México, eso lo tenemos muy claro”, pero tampoco “queremos hacerle la chamba a ningún partido: PRD, PAN o Panal. Creemos en el voto informado y en la participación ciudadana a través del sufragio”
Declaración B: “Si queremos tener éxito en esta lucha”, aseguraron estudiantes de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) reunidos en la Plaza de las Tres Culturas, en Tlatelolco, “debemos salir de las redes (sic). Hacer contacto con la gente en las calles, en los parques, donde podamos, para promover por qué estamos luchando, pero también a que (los ciudadanos) participen de forma crítica en el proceso electoral, que reflexionen su voto”.
¿Cuáles son las contradicciones que se expresan en estas perspectivas y que a mi juicio fragmentan y distorsionan el espíritu original de la protesta? Encuentro, en la Declaración A tres contradicciones fundamentales: una de caráter político, otra de carácter lógico y una más de carácter ético. En la declaración B encuentro una contradicción de carácter semántico, es decir, una paradoja.

     Comienzo por el primer grupo:
1.      No se puede declarar en contra de la manipulación informativa y de la inducción del voto y salir a la calle para hacer precisamente eso mismo.  Es muy distinto invitar a la ciudadanía a informarse y reflexionar su voto, a decirle que no vote por zutano o perengano.
     Las preferencias electorales son individuales (de ahí que el voto sea libre y secreto) y coincido en que hay que invitar a la persona a pensar e informarse. Pero no coincido en sugerir o inducir de ningún modo la preferencia de nadie a través de una movilización que, ya de entrada, se declara en contra de Zutano o Perengano. Cuando menos se trata de una contradicción política.
2.      No se puede estar a favor de la democracia—que por su propia naturaleza es inclusiva y plural--y al mismo tiempo aplicar una cláusula de exclusión: que participen todos, menos Fulano. Si vamos a promover una cultura democrática, tenemos que aceptar el principio de la universalidad de la participación. No olvidemos que la cláusula de la exclusión es una de las armas favoritas del autoritarismo, cualquiera que éste sea signo y cualquiera que sea su destinatario (homosexuales, mujeres, judíos, etc.).
                 Se trata, por decir lo menos, de una contradicción lógica.

Cito a Noam Chomsky y agradezco a @MarioAlberto_H el envío:



“…Si crees en la libertad de expresión entonces crees en la libertad de expresión para puntos de vista que te disgustan. Por ejemplo, Goebbels estaba a favor de la libertad de expresión sólo para los puntos de vista que compartía, igualmente Stalin. Si estás a favor de la libertad de expresión, eso significa que estás a favor de la libertad de expresión precisamente para los puntos de vista que no compartes, de otra forma, no estarías a favor de la libertad de expresión.”


3.      No se puede cuestionar la legitimidad de las acciones de empresas como Televisa y TV Azteca y, aun sin proponérselo, acabar haciendo exactamente lo mismo que se critica. Hace seis años estas empresas y otros grupos de presión construyeron una histeria social mediante el burdo recurso de exponer a Andrés Manuel López Obrador como un peligro para México. ¿Se acabrá cayendo en la trampa de declarar hoy a Enrique Peña Nieto un peligro para México y generar el mismo clima de histeria irracional que hace seis años?

     Cambian los personajes, pero la técnica y el discurso son los mismos. Se trata, cuando menos, de una contradicción ética.
En cuanto a la declaración B encuentro una paradoja exquisita: piden los compañeros de la UNAM salir de las "redes" supongo que en alusión a las llamadas redes sociales (Facebook , Twitter y YouTube, fundamentalmente) y piden hacer contacto con la gente en la calle, cara a cara. Pues bien ¿no son esas, precisamente, las verdaderas redes sociales? Las otras no son sino redes digitales, pero la verdadera labor política--y en eso coincido--comienza con la interacción dialógica cara a cara.
     El problema es ¿qué va a pasar si se topan con gente que quiere votar por el PRI? Conozco a mucha personas—colegas, amigos incluso familiares--que sin ser corruptos ni transas y sin haber tenido o andar buscando un puesto político, votarán por el PRI. Allá ellos. Pero es su derecho y están en libertad de hacerlo.  Ese es, precisamente, el sentido de la democracia.
    ¿Los respetarán o los acusarán de vendidos, de corruptos, de enajenados?
     En última instancia, se trata de una movilización estudiantil. Es SU movilización que ya están convirtiendo en movimiento. Pero ¿qué clase de movimiento? ¿De exclusión? Sólo ellos, los estudiantes y los jóvenes, a través de la reflexión y la autocrítica, podrán definirlo. Tienen en sus manos un gran capital simbólico. Ojalá lo sepan proyectar hacia el problema de fondo y no hacia un problema coyuntural.
     Coincido: lo político no tiene porqué no ser apartidista. Pero la tendencia muestra que, más que político, el movimiento se está inclinando hacia lo electoral. Todo lo electoral ES político, pero no todo lo político ES electoral......
     Personalmente considero que no hay personajes más patéticos y lamentables que Gabriel Quadri y Josefina Vázquez Mota, pero reconozco y defiendo su derecho a participar en el proceso electoral. Si los quiero derrotar para eso están las urnas, no las movilizaciones por consigna. 
Concluyo con una mini ficción política:
En la penumbra de algún cuarto ubicado en las cercanías de Av. Chapultepec, o tal vez en Santa Fé, aunque también podría ser en Periférico, entre Altavista y Av. Toluca, un españolillo se acicala barba y bigote mientras deja enfriar una botella de champaña. Piensa para sí:
--Todo está saliendo a pedir de boca. La muchachada está en las calles. Lo de Yarrington (y los que faltan) no pudo ser más oportuno. Ya se está proyectando Los Cristeros y en junio se estrena Colosio…..
     El español entrecierra los ojos, esboza una sonrisa y continúa su monólogo:
--El IFE, a su vez, ya contrató a Hildebrando Zavala—el mismo que me ayudó la vez pasada—pero a nadie le importa porque todos están demasiado ocupados en las calles mentándosela a Peña. Bien….
     Ahora sólo falta que Josefina decline por Andrés Manuel (como ocurrió en Oaxaca y Puebla)…..y cuando México despierte, el PAN ahí seguirá….y yo con él…..Solá nunca estará solo.

lunes, 21 de mayo de 2012

Claves para una primavera estudiantil mexicana

 

(Notas para una crítica  del uso social de las redes tecnológicas

y la movilización estudiantil en el proceso electoral)

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I
Se ha comentado ampliamente lo ocurrido en el campo político electoral desde la visita de Enrique Peña Nieto a la Universidad Iberoamericana. Se ha cuestionado la posición agresiva que adoptó la dirigencia nacional del Partido Revolucionario Institucional respecto de las expresiones de muchos estudiantes durante el acto, las descalificaciones a los jóvenes que abuchearon al candidato Peña y la consecuente movilización de estudiantes para deslindarse del calificativo de porros o acarreados (lo cual no implica que no haya habido militantes de otros partidos que buscaron caldear los ánimos).
     Fue emotiva y creativa la reacción de un grupo de alumnos de la UIA que, credencial en mano, dieron la cara en un video y aparecieron públicamente señalando que no eran porros ni acarreados pero que sí habían participado en el repudio al candidato del PRI. Esta primera entrega de imagen dio pie, unos días después, a dos movilizaciones que, acaso por razones de calendario, fueron creciendo en magnitud de un día a otro: el viernes 18 contra Televisa (a la que sumaron alumnos del ITAM), el sábado 19 contra Enrique Peña (a la que se sumaron alumnos de la UNAM, la UAM, la UACM y el Poli) y el domingo 20, aunque no necesariamente están ligadas, a favor de López Obrador.
     Poco se ha dicho sobre el significado que estudiantes de cuando menos dos universidades privadas hayan protestado en actos que tradicionalmente han encabezado las universidades públicas; acaso también entre los sectores más privilegiados la crisis y la falta de expectativas profesionales están haciendo mella en el ánimo de los jóvenes que no perciben con claridad el futuro. Por otra parte, es de rescatarse que este grupo de jóvenes haya manifestado su inconformidad con las formas en que se maneja la información mediática en el país, particularmente por lo que toca a Televisa, Televisión Azteca, Milenio Televisión y las encuestadoras que estas empresas privilegian y que, invariablemente, ponen a la cabeza al candidato del PRI. Aun si esta información tiene sustento objetivo, la percepción en muchos sectores de la población es que no refleja fielmente la realidad ni el sentir de la sociedad.
     Por otra parte no son pocos los analistas, e incluso los estudiantes, que han dado un lugar central a las redes sociales—a las que algunos han calificado de 5° poder—y en las que encuentran un dinamismo creativo y una interactividad de los carecen los medios informativos convencionales. No ha faltado quien incluso trazó paralelos con la llamada Primavera Árabe y se habla de una suerte de oposición o alteridad informativa más creíble y próxima al horizonte intelectual de los jóvenes. Parecería que, a partir del fenómeno de las redes sociales (de modo muy acusado Twitter y Facebook), se ha despertado una conciencia crítica y una capacidad de movilización que modificaría las posiciones actuales en la medición de las encuestas e idealmente los resultados del proceso electoral.
     El hartazgo ante lo que ha sido una campaña electoral anodina, incolora y acartonada—y la insistente promoción editorial en el sentido que las elecciones ya estaban definidas en favor de Peña Nieto y lo único que restaba por ver era quién quedaba en segundo lugar—estalló en una suerte de catarsis que al tiempo que ha dignificado la posición de los electores (sobre todo de aquellos que por primera vez van a participar en un proceso electoral), ha dado un giro cromático e imaginación a la competencia electoral. Basta ya de los comentarios “autorizados” por parte de un grupo de periodistas que, en mucho, actúan como jueces y partes del proceso electoral, arrogándose una perspicacia analítica de la que los demás sólo podemos dar testimonio como espectadores pasivos. El estudiantado demostró que no es el caso.
 
II
Sin embargo, es importante poner las cosas en perspectiva y plantear una serie de cuestionamientos que nos permitan acercarnos a las diversas lecturas y sus limitaciones que se abren a partir de esta serie de acontecimientos. A continuación propongo tres puntos que, si bien discutibles, pueden ser plataforma de un debate inicial.
1.      Creo que es fundamental no confundir el fondo (la capacidad social de autogestión y acción concertada para logar un determinado fin) con la forma (los mecanismos, medios o herramientas para convocar a los actores sociales). Decía Jesús Reyes Heroles que, en política, la forma es fondo y el fondo es forma. Desde el plano de una percepción primaria—lo que los teóricos llaman realismo ingenuo—la sentencia sin duda se ha cumplido en diversas ocasiones (por ejemplo el “ya cállate chachalaca” de López Obrador candidato, o el “comes y te vas” de Fox ya siendo Presidente). Pero aquellos que se interesan por un análisis más profundo y por una crítica más racional de los procesos sociales, deben ir más allá de las apariencias primarias y procurar descubrir, diferenciadamente, la estructura oculta detrás de cuando menos algo de lo que está ocurriendo.
     La capacidad de autogestión social siempre ha existido. Baste recordar a Espartaco en la Roma antigua, el movimiento de los barones ingleses contra la Monarquía que condujo a la Carta Magna en el Siglo XIII, las revoluciones americana y francesa, la guerra de Independencia mexicana o, ya en nuestras propias latitudes, la revolución de 1910, la guerra de los Cristeros, el movimiento estudiantil de 1968, la creación del FDN en 1988, etc. Ninguno de estos movimientos se sostuvo en una tecnología de la información.
     Puede ser que, según avanzamos en el tiempo, ciertos medios de información hayan jugado un papel auxiliar en aglutinar fuerzas dispersas, pero todos estos procesos de transformación tuvieron su inicio en la capacidad de racionalidad dialógica de un grupo de individuos que expusieron puntos de vista, proyectos, críticas e ideales independientemente de las tecnologías de transmisión de información existentes.
    He sostenido anteriormente y lo hago ahora, que las movilizaciones sociales NO dependen de ni son el producto de las tecnologías de información—por avanzadas y novedosas que éstas nos puedan parecer—sino de las interacciones discursivas que preceden al uso de las tecnologías. Por otra parte y a reserva de parecer muy quisquilloso, considero que lo que se llama convencionalmente “redes sociales” debe ser entendido como el uso social de redes tecnológicas, que no es exactamente lo mismo.
     Habiendo señalado lo anterior, sí creo que lo que diferencia el uso social de las redes tecnológicas en este proceso son dos cosas fundamentales:
·         La velocidad para articular una movilización (que no debe confundirse, cuando menos no aún, con un movimiento social)
·         La espontaneidad colectiva con la que operan, desplazando de entrada la existencia de uno o varios líderes claramente visibles o identificables (es, sin duda, una suerte de Fuenteovejuna posmoderna). Esto ya lo han señalado varios autores, primordialmente Manuel Castells, que introdujo el concepto de horizontalidad en la gestación de este tipo de movilizaciones.
Esta observación me parece pertinente porque al tiempo que el uso social de las redes tecnológicas supone una gran ventaja operativa y espacio-temporal, también supone una desventaja considerable en términos de la unidad discursiva y teleológica de las movilizaciones de protesta.
2.      Tampoco debe confundirse una movilización de un sector de la población, por llamativa que parezca, con un movimiento social. La parte verdaderamente difícil que enfrentan este tipo de expresiones auto-gestivas es transformar la inercia y espontaneidad iniciales (tan festivas y llenas de imaginación y creatividad) de un acto simbólico en una acción racional, de carácter propositivo y teleológicamente fundada, en el sentido que Max Weber habla de la acción: ya sea de carácter puramente instrumental (con arreglo a fines) o de carácter ético-normativo (con arreglo a valores).
     El tránsito de una movilización relativamente espontánea (protestar, marchar, el grito desenvuelto y la catarsis grupal) a un movimiento social (la estructuración de una acción con fines claramente establecidos, diseño de mecanismos para lograr éstos e identidad organizativa) supone dar sentido concreto a  su operatividad (un calendario de acciones con fines delimitados, una distribución racional de las acciones y una responsabilidad pública claramente identificada), con base en una racionalidad discursiva.
3.      En este sentido, distingo cuando menos tres líneas discursivas (cada una con su propia carga semántica) en lo que ha ocurrido desde el incidente de Enrique Peña Nieto en la Universidad Iberoamericana, que de modo muy interesante, no se han logrado distinguir en y desde las redes tecnológicas:
a)      La protesta contra los grandes consorcios mediáticos que, a través de la simulación de un periodismo objetivo, promueven una línea política y apoyan a (o cuando menos buscan facilitar la percepción favorable de) un candidato, específicamente la relación Televisa-Milenio TV-encuestadoras con Enrique Peña Nieto y el PRI (pero que extienden sus cuestionamientos a la confiabilidad de las instituciones electorales, a la poco eficiencia del legislativo y a la falta de representatividad de los partidos políticos todos)
b)      Aquella que explícitamente se declaró en contra de Enrique Peña Nieto y del PRI
c)      Aquella que explícitamente se declaró en favor de Andrés Manuel López Obrador.
     Ahora bien, ante la falta de una racionalidad discursiva y de una cohesión argumentativa de lo que hasta ahora sólo ha sido sino una movilización estudiantil parcial, no se pueden extrapolar estas tres líneas discursivas como si fueran un silogismo. Quien está situado, por ejemplo, en el supuesto a) NO necesariamente supone que acepta el b) y el c) y quien está situado en el supuesto b) NO necesariamente supone que está comprendido dentro del c). Sólo quien está en el supuesto c) podría coincidir con los dos primeros incisos, lo cual, por otra parte, no quiere decir que el apoyo fundamental de López Obrador dependa de ese grupo estudiantil.
III
En la medida en que no se articule una lógica argumentativa que permita pasar del mero “slogan” (o mensaje) de lo que hasta ahora sólo ha sido una movilización estudiantil, a una tematización agendable (o lo que los funcionalistas llaman agenda setting) y, de ésta, a la articulación de un discurso político para construir una plataforma dialógica (como ocurrió con el movimiento estudiantil de 1968), las movilizaciones corren siempre el riesgo—como ocurrió en Egipto y Libia, por ejemplo—de perderse en su propia espontaneidad. La falta de una racionalidad discursiva diluye la cohesión inicial del grupo y lo fragmenta en una serie de ideas o nociones inconexas y carentes de sentido teleológico.
     ¿Qué es, finalmente, lo que se busca? ¿Anular la candidatura de Enrique Peña Nieto? ¿Deslegitimar el proceso electoral en su conjunto? ¿Construir una plataforma estudiantil para apoyar a Andrés Manuel López Obrador? Los primeros dos supuestos conllevan una profunda carga antidemocrática.
     No porque no nos guste un candidato podríamos pedir que se anule su candidatura o su derecho a debatir su proyecto político. Además: suponiendo que Peña Nieto no fuera el candidato del PRI o que éste no participara en el proceso electoral ¿se modificaría sustancialmente el problema de fondo de la política mexicana? También sería grave descalificar el proceso electoral en su conjunto—en el que, mal que bien, participan directamente los ciudadanos—porque un grupo de medios han decidido implícita o explícitamente dar su apoyo a uno de los candidatos.
     Entiendo que hasta el momento nadie explícitamente ha pedido eso, pero yace como subtexto de una parte de las demandas de la movilización. Por otra parte, el tercer supuesto resultaría paradójico porque quienes lo esgrimen estarían incurriendo en lo mismo que le critican a Televisa-Milenio TV-GEA-ISA, nomás que a favor de Andrés Manuel López Obrador.
     Desde mi punto de vista, la aportación más valiosa de esta movilización inicial y que uno esperaría pudiera madurar en un movimiento radica en la primera línea discursiva: La protesta contra los grandes consorcios mediáticos que simulan una objetividad periodística, la concentración antidemocrática de los medios electrónicos de información (es ya francamente insostenible) y la falta de representatividad real de los partidos políticos que, lejos de responder a los intereses de una sociedad crecientemente plural y crítica, se han encerrado en sí mismos, en su propia auto-representación, desvirtuando el sentido de la política y de una contienda genuinamente democrática.
     Un movimiento de esta naturaleza podría tener, a largo plazo, una efectividad mucho mayor que la de meramente externar repudio ante una candidatura. Por ejemplo, se podría conminar al IFE a un diálogo con una representación plural estudiantil para explicitar aquellos puntos del proceso electoral—por ejemplo, los debates o la selección de la empresa que suministrará la plataforma electrónica para el conteo de votos—que han generado molestia y dudas. Asimismo, se podría articular una presentación y un debate público con el próximo Congreso para discutir una verdadera transformación de la Ley Federal de Radio y Televisión y crear una instancia autónoma, con participación ciudadana, para ampliar y dar mayor credibilidad a los espacios en la radio y la televisión. De antemano muchos nos sumaríamos a una iniciativa de esa naturaleza.


ooOoo


domingo, 6 de mayo de 2012

El primer debate presidencial

Mi impresión sobre este primer debate entre candidatos presidenciales:

1. Pésimo gusto del IFE de abrir el debate paseando a una mujer a la que ataviaron de cabaretera. Es absurdo que un órgano constitucional autónomo caiga en un recurso que no venía a cuento.

2. La producción, pese al berrinche de Televisa, no fue tan mala. Desde luego no espectacular, pero tampoco una tragedia.

3. Contra las expectactivas, Peña Nieto no lo hizo tan mal. No es un genio de la palabra ni tiene dotes de orador, pero sostuvo su piso y no incurrió en improperios ni gazapos. Tampoco dijo nada nuevo ni brillante. Simplemente se mantuvo en su sitio.

4. Siento mucho decirlo, porque lo admiro en muchos sentidos, pero Andrés Manuel se perdió en un discurso obtuso y ajeno a la temática. No sé si fue una estratgia para generar la impresión que la elección es entre él y Peña Nieto (desplazando a la ya de por sí desplazada Josefina), pero la impresión que dio es que no tenía información o propuestas sobre los temas a discutir. Por ejemplo, en vez de hablar de ciencia y tecnología o educación superiror se puso a echarle pleito a Peña o a referinos a la muy consabida mafia del poder.

5. Quadri fue sorpresivamente articulado, inteligente, con mucha información y muy elocuente (muy académico). Ahora bien, mucho de lo que dijo--aunque lo haya dicho muy convincentemente--es muy peligroso y sospechoso. ¿Privatizar la seguridad carcelaria? ¿Privatizar Pemex? ¿Defender tácitamente a Elba Esther?

6. De Josefina---y aquí reconozco una total parcialidad de mi parte--no puedo decir mucho. Patética la referencia a la niña Paulette; cínica al hablar de paz, cuando representa un gobierno que generó las condiciones para un estado de guerra absurdo (cuando menos para el que no estaba preparado el Gobierno) y si alguien tiene cola que le pisen es ella (en su gestión como funcionaria pública y como legisladora) y su partido.

Fuera de eso, hay que decirlo: esto NO fue un debate. Fue una pasarela más o menos anodina, superficial y que deja más interrogantes de las que resuelve.

domingo, 15 de abril de 2012

El uso de niños en campañas políticas y publicitarias

El uso de niños en campañas sociales y políticas: ¿el fin justifica los medios?
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Mi cuestionamiento al video de los llamados “niños incómodos” no es tanto de incomodidad cuanto de ética. Aun si reducimos la comunicación a su expresión más básica (el quién dice qué, a quién, cuándo y cómo) el asunto es que este tipo de anuncios constituyen una expresión del abuso de los principios fundamentales de la libertad de expresión, al recurrir a ciertas técnicas de persuasión e inducción que ponen a flote una pregunta esencial: ¿el fin justifica los medios?

     Señalo dos de los puntos que me parecen más importantes: el primero es el uso de niños como instrumentos de efectividad publicitaria, es decir, para lograr que el mensaje tenga el máximo de atención precisamente al recurrir a un “signo” cuyo efecto emocional es muy fuerte. El otro punto es la autoridad moral del emisor. Es imposible disociar el mensaje (y esto lo digo porque he escuchado a varias personas señalar que lo importante es lo que se dice) del emisor y del contexto.

     Si a efectividad vamos ¿podemos y debemos aplaudir las técnicas subliminales, emotivas y dirigidas a la parte más visceral del entendimiento que se utilizaron en la Alemania de los años 30? (Véase este video: http://www.youtube.com/watch?v=Wr6TWv6jSws). Fueron tremendamente eficaces, al punto que yo me atrevería a decir que la técnica del mensaje, el contenido o estructura del mismo y la relación con quien lo diseña y lo emite forman una unidad orgánica e indisoluble.

     Comienzo con el primer punto. ¿Por qué me molesta el uso de niños en el manejo de campañas publicitarias o incluso de concientización social? En primer término porque, en efecto, son terriblemente eficaces porque apelan a nuestro lado más sensible, más emotivo y, consecuentemente, menos racional.

     Hace décadas hubo un anuncio estupendo de la Secretaría de Salud en el que aparecía en primer plano el rostro de un niño—además no de uno güerito, de ojos azules, sino mucho más cercano a nuestras características socioculturales—que emocionado seguía una “cascarita” de futbol. La cámara se aleja y panea a los jugadores corriendo, pasando la pelota, etc. Una voz fuera de cuadro nos recuerda que hay que llevar a vacunar a nuestros hijos contra la poliomielitis….La cámara regresa al protagonista que suponemos en la banca esperando su turno. La voz fuera de cuadro insiste: “Si a ti se te olvida, a él nunca se le olvidará” justo cuando la cámara finalmente capta al niño en la banca de cuerpo entero y advertimos que está en muletas y no puede jugar.

     ¿Efectivo? Digamos que hoy en México la poliomielitis está prácticamente erradicada. ¿Ético? Sí, porque no se trata de una condición subjetiva y abstracta, sino de lo que en ese momento era una realidad objetiva y concreta: una enfermedad prevenible que afectaba a un porcentaje de la población infantil. El emisor, a su vez, era la Secretaría de Salud, es decir una instancia no sólo calificada sino obligada a dispensar los tratamientos médicos adecuados, de manera pública y gratuita. Es decir, una instancia socialmente legitimada para llamar la atención sobre un problema de salud pública.

     ¿Habría sido diferente si este mismo anuncio lo hubiera hecho una empresa de seguros o un hospital? No en cuanto a la efectividad, pero sí en cuanto a la ética porque aun cuando se pueda alegar que se trata de crear conciencia sobre un problema de salud pública, su fin último era promover una marca que opera, lógicamente, a partir de una lógica pecuniaria: obtener ganancia. En este caso el fin (la venta de un servicio, la promoción de una marca, etc.) habría subsumido los medios—el uso de los niños como factor emocional—desvirtuando el problema real—la poliomielitis como problema de salud pública—en función del interés privado.

     No cuestiono la legitimidad del interés privado. Una economía de libre mercado presupone la libre competencia de bienes y servicios a través de la publicidad. Mientras se mantenga en esa tesitura, adelante. El problema es (1) cuando el interés privado, que parte de un interés esencialmente pecuniario y especula con la ganancia, se quiere hacer pasar por interés público, es decir, abarcar esos asuntos que están formalmente más allá del mercado y la libre venta de bienes y servicios y, sobre todo (2) recurre a técnicas de persuasión o discursivas orientadas a la emoción, el drama y la exageración utilizando precisamente a quienes no tienen aún ni personalidad jurídica propia ni capacidad de racionalizar o cuestionar aquello que están “promocionando”: los niños.

     Tampoco digo que los menores de edad estén intelectualmente imposibilitados de pensar y entender su mundo, pero en buena medida todavía lo hacen a partir del horizonte vivencial de los adultos. Hay un problema profundamente ético, de falta de respeto a los derechos más elementales, cuando se utiliza para fines “políticos” a un sector de la población que, por Ley, no está facultado para participar en procesos de esa naturaleza y que nadie desea que emulen los aspectos más cuestionables y negativos de nuestra realidad social.

     Tan esto es así que la Organización de las Naciones Unidas para la Protección de la Infancia y la Niñez (Unicef) ha establecido un código de ética para no abusar de los menores en campañas publicitarias: no se debe presentar a los niños en situación de riesgo (por ejemplo, fumando), llevando a cabo actividades no propias de su edad (por ejemplo, disparando armas de fuego, secuestrando, etc.) o apersonando actitudes, actividades o formas de conducta propias de los adultos (véanse las siguientes fuentes: http://www.unicef.org/lac/restituirlosderechosdelainfanciaguiaparaperiodistas.pdf
Y un ejemplo más del gobierno de Malasia: http://www.unicef.org/malaysia/Children-in-Media.pdf

Dice un documento de la Unicef respecto del uso de los niños en cualquier forma de publicidad:

 “ii. They should not be shown in hazardous situations or behaving dangerously in the home or outside except to promote safety. They should not be shown unattended in street scenes unless they are old enough to take responsibility for their own safety.

iii. They should not be shown using or in close proximity to dangerous substances or equipment without direct adult supervision

iv. They should not be encouraged to copy any practice that might be unsafe for a child

v. Advertisements should not by implication, omission, ambiguity or exaggerated claim mislead or deceive or be likely to mislead or deceive children, abuse the trust of or exploit the lack of knowledge of children, exploit the superstitious or without justifiable reason play on fear”

      Asimismo, señala:
Do not exploit: Do not allow children to participate in any media process that might exploit their credulity, lack of experience or natural sense of loyalty. This includes the exploitation of a child’s enthusiasm and being mindful of hours worked.

Aun cuando estas citas provienen de documentos  que son una guía ética tanto para publicitas como para periodistas que cubren asuntos en donde potencialmente los niños podrían estar involucrados, establece una serie de directrices que afectan no sólo la labor periodística, sino también la publicitaria. No se vale que para asegurar la eficacia de un mensaje propagandístico, cualquiera que sea ésta su naturaleza, se utilicen a menores de edad, sobre todo cuando el fin mismo del mensaje no está dirigido a la población infantil propiamente dicha, sino a los actores políticos a quienes, por otra parte, se encasilla como responsables únicos de una situación de la que también son responsables—y mucho—los agentes económicos.

     Eso me lleva al otro punto. La naturaleza real deel “emisor” o, para ser más verídicos, del el enunciante: una supuesta Organización de la Sociedad Civil (llamada Nuestro México del Futuro) que se define a sí misma como “un movimiento social sin precedente a escala nacional que ha convocado a todos los mexicanos a expresar su visión sobre el México en el que les gustaría vivir”. ¿Movimiento social? ¿En serio?

      Formulo la duda porque, en realidad, dicho movimiento más que social es la creación de un grupo de empresarios, aun cuando en la página electrónica que define al movimiento y sus objetivos nunca se hace explícito ese hecho. Sólo en el fondo derecho de la página electrónica aparece un “Derechos reservados 2011 Grupo Nacional Provincial”. Es un caso semejante al de Iniciativa México, Teletón o, más recientemente, un supuesto movimiento ciudadano llamado Alguien Tenía que Decirlo, que resultó en realidad una ficción construida por uno de los integrantes de la familia González Torres, dueños de farmacéuticas y que han vivido de contratos con el sector público y de los privilegios e incentivos tanto burocráticos como fiscales.

     ¿Son los empresarios miembros de la sociedad civil? Por supuesto, en su calidad de individuos o, para ponerlo en términos fiscales, en su calidad de personas físicas. No así en su calidad de personas “morales”, es decir, como empresas o corporaciones que evidentemente obtienen beneficios de diversa índole—incluyendo lucrativos—con este tipo de iniciativas, a las que suelen utilizar más para fines de reducción de pagos fiscales que para realmente generar un beneficio social. Esta distorsión del concepto movimiento ciudadano y espontáneo, sirve de parapeto para intereses no públicos, sino privados, lo cual entraña una doble moral:

1. En el caso que nos ocupa por un lado se cuestiona a los legisladores y al Gobierno Federal como ineptos o ajenos a la realidad social, cuando son precisamente esos  legisladores y ese Gobierno los que han generado las condiciones legales y materiales para que estas empresas, parapetadas en un movimiento ciudadano, se desarrollen y tengan márgenes de ganancias exorbitantes, rara vez vistos en países como Estados Unidos, Canadá o los que integran la Comunidad Europea.

2. Precisamente gracias a esos legisladores que cuestionan a través de los niños, es que estas empresas gozan de algo que se llama “régimen de consolidación fiscal”, gracias al cual han podido diferir el pago de impuestos por un monto superior a los 36 mil millones de pesos (los datos los ha hecho públicos el legislador Mario Di Constanzo: además de los Legionarios de Cristo, Walmart, Cemex, Bimbo y FEMSA, son patrocinadores del video "niños incómodos". Estas empresas deben 36 mil millones en impuestos diferidos" Por no decir nada de Bailleres y sus empresas Palacio de Hierro y GNP).

     ¿Se imaginan qué se podría hacer con ese monto (superior, por ejemplo, a todo el presupuesto de la Universidad Nacional Autónoma de México) si, en vez de organizar espectáculos como el del Teletón, se aplicaran a los servicios públicos de salud o educación?

     En suma, me parece que el video de los niños “incómodos” es un abuso contra la libertad de expresión no sólo por el maniqueísmo fácil que maneja y el uso de técnicas de persuasión emotivas, sino también porque:

I. El mensaje no nos dice nada nuevo, nada de lo que no estemos conscientes. Precisamente el objetivo del mensaje es penetrar en la parte subconsciente, en la parte afectiva y menos racional de la persona: su objetivo no es concientizar, sino hacernos “reaccionar” ante un estímulo visceral.

II. Los emisores carecen de la autoridad moral al no exponer públicamente que, más que un punto de vista ciudadano, expresan el punto de vista de un grupo de empresas que tienen mucho que ganar con este tipo de presiones

III. Por el contexto en el que se lanza el mensaje, es decir, justamente durante el proceso electoral ¿Por qué no haberlo hecho antes o después? ¿No hay acaso una clara intencionalidad política más que ciudadana o social en este tipo de campañas?

IV. Por el uso de un sector de la población que está excluido de participar legítima y legalmente en el mismo proceso al que la campaña alude.
    

viernes, 30 de marzo de 2012

Conferencia Interamericana de Derechos Humanos y Libertad de Expresión

El 26 y 27 de marzo de 2012 se llevó a cabo la Conferencia sobre el Sistema Interamericano de Derechos Humanos y la Libertad de Expresión, en el Washington College of Law, de la American University.

     La conferencia fue organizada por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos que, con la Corte Interamericana del ramo, ambas dependientes de la OEA, configuran el Inter-American Human Rights System; la Sociedad Interamericana de Prensa, cuyo actual Presidente es Milton Coleman, editor en jefe del Washington Post; la Stanford University Law School y el Washington College of Law, de la American University.

     El objetivo fue analizar, desde el punto de vista jurídico y del ejercicio profesional de la información, la tipificación de cualquier acto que  vulnere el ejercicio del periodismo como delito contra la libertad de expresión y, consecuentemente, objeto de interés jurídico tanto de la Comisión como de la Corte Interamericana de Derechos Humanos. El punto no de deja de ser complicado por cuatro razones:

a) La infraestructura real con la que cuentan tanto la Corte como la Comisión para atender todo el Continente (ambas atienden un universo potencial de casi 900 millones de habitantes, con menos de la mitad de los recursos humanos y financieros de su contraparte europea, que atiende un universo potencial de 300 millones de habitantes)

b) Las características políticas y las tensiones de muchos países de la región respecto de la cultura de los derechos humanos y el respeto a la libertad de expresión

c) El que el gobierno de Estados Unidos y el de Canadá se han negado a ratificar la Convención Interamericana de Derechos Humanos

d) La dificultad de compaginar, vincular o armonizar las legislaciones locales en materia de libertad de expresión con los principios universales adoptados por la Comisión y con la jurisprudencia y los fallos dictados por la Corte Interamericana de Derechos Humanos.

     Participaron académicos y estudiantes de Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Ecuador, Estados Unidos, Honduras, México, Nicaragua, Perú y Venezuela. El contingente mexicano estuvo integrado por 3 estudiantes de la Facultad de Derecho y 2 de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM y un servidor como representante académico, con la participación de la maestra Gloria Valek.

     La conferencia se dividió en 6 Paneles, repartidos en dos días, una cena de bienvenida y una visita
a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, con sede en Washington, D.C.    

     El primer panel fue una introducción amplia de cómo está articulado el sistema interamericano de derechos humanos; cuáles son sus principios deontológicos y jurídicos, su estructura operacional y los retos y tensiones que enfrenta desde el contexto político y económico.

     El segundo panel abordó el tema específico de la libertad de expresión como principio consustantivo de la democracia, su gradual desarrollo en los países del Continente y las presiones a las que frecuentemente se ve sometido por la disparidad entre regímenes que apenas están transitando hacia la democracia y las condiciones precarias que los periodistas y medios enfrentan para ejercer su cometido (piénsese que México es hoy el país más peligroso del Continente y uno de los más peligrosos del mundo para ejercer el periodismo).

     El tercer panel tocó el tema de los medios alternativos para la solución de conflictos en materia de libertad de expresión (i.e., no todos los casos requieren llegar al plano del litigio internacional y otros ni siquiera al plano del litigio local). Por otra parte, se discutieron aquellos casos en que los fallos de la Corte o su jurisprudencia han llevado a varios países miembros a realizar cambios sustantivos en su legislación vigente en materia de libertad de expresión, derecho a la información y protección al ejercicio del periodismo.

     El cuarto panel analizó las diferentes normas y criterios en materia de limitantes que los Estados miembros han impuesto al libre ejercicio del periodismo, particularmente los de Desacato y Difamación (que se recomienda sean despenalizados, para agotarse dentro de las instancias de los juicios civiles) y, en Estados Unidos, el uso del combate contra el terrorismo (Patriot Act) como un instrumento de presión para obligar a los periodistas a revelar fuentes o que su material informativo sea incautado y/o censurado.

     El quinto panel discutió las recomendaciones que algunas Universidades de la región desarrollaron en un ejercicio previo a la Conferencia, orientadas a impulsar políticas públicas contra la impunidad de la que gozan aquellos regímenes o actores sociales que violan o vulneran la libertad de expresión, así como alternativas a la relación entre los etados nacionales y los organismos internacionales, la selección de casos que debe abordar la Corte Interamericana, etc. Señalo que en este ejercicio participaron, por parte de México, la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez y la Universidad Autónoma de Guadalajara.

     El último panel fue, en realidad, una sesión de trabajo grupal entre estudiantes y académicos que, divididos en grupos de seis, mezclando en cada uno periodistas y abogados de los diferentes países, debían responder a una serie de interrogantes sobre cómo hacer más efectiva y eficiente la interacción entre la Comisión y la Corte Interamericana de Derechos Humanos y el marco jurídico en torno a la libertad de expresión que se contempla en cada país, así como el análisis de mecanismos alternativos para la resolución de conflictos en este campo y cómo flexibilizar la obtención de recursos humanos y financieros para la operación de la Comisión y la Corte.

     Al término de éste, cada grupo nombró a uno o dos relatores para que presentaran ante el “pleno” los acuerdos y resoluciones adoptados según cada una de las grandes líneas temáticas que se abordaron en la conferencia. En todos los casos los grupos nombraron como relatores a estudiantes, lo cual le dio un sentido de espontaneidad crítica muy enriquecedora a los debates finales.

     Me parece que la conclusión fue muy valiosa: independientemente de las políticas oficiales que las cancillerías de los gobiernos locales sigan respecto de la OEA, la Corte y la Comisión, se acordó que las Universidades locales pueden y deben jugar un papel más activo en la promoción de una cultura de los derechos humanos en cada país y como espacios de mediación entre el ejercicio de la libertad de expresión y el desarrollo e instrumentación de políticas públicas de los gobiernos regionales para reconocer y atender los casos en que se violen o afecten los principios de la libertad de expresión y que, en caso de duda, los sistemas jurisdiccionales locales adopten o se guíen por los fallos y la jurisprudencia emitida por la Corte Interamericana de Derechos Humanos.

domingo, 4 de marzo de 2012

Racionalidad instrumental y cultura político-informativa

                              Racionalidad instrumental y cultura político-informativa
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Nota Bene: Este texto fue preparado para el Observatorio y Monitoreo Ciudadano de Medios, OMCIM, A.C. Agradezco a Regina Santiago sus amabilidades: http://omcim.org/
 Sobre el sentido de dos incidentes durante el período de intercampañas
El Presidente Calderón reinauguró la guerra sucia. En un ámbito privado, donde el contexto del discurso imponía una reflexión de carácter económico financiera, abrió fuego con un comentario sobre el crecimiento de Josefina Vázquez Mota, candidata presidencial del PAN, en las preferencias electorales. No sólo tocó un tema que desplazó el sentido de la reunión a un contexto distinto—y el Presidente de la República, menos que nadie, podría fingir inocencia ante el hecho que cualquier pronunciamiento suyo encontraría eco mediático—sino que lo hizo apelando a una referencialidad dudosa: una casa encuestadora de poca monta que, sin explicar con claridad su metodología, propuso un salto cuántico respecto de Enrique Peña Nieto, el hasta ahora puntero en prácticamente todas las mediciones.
       Puede especularse de distinto modo sobe el sentido de la estrategia. La interpretación más primaría sugiere una suerte de espaldarazo a una candidata que, en el pasado reciente, aparentaba no ser la preferida de Calderón. También puede pensarse que detrás de la declaración del Presidente, había la intención de darle la vuelta a la veda electoral que todos los candidatos presidenciales deben observar para abrir una trinchera en la que, con gran facilidad, cualquiera de los demás podría caer. Después de todo, el Presidente no es candidato y en cierto sentido “habló” a nombre de uno de ellos.
      ¿El objetivo? Crispar los ánimos a fin de provocar una reacción emotiva de los otros abanderados; conociendo, sin duda, la susceptibilidad y suspicacia que afecta en particular a López Obrador, no es descabellado suponer que había la intención de obligarlo a una declaración imprudente—una acusación semejante al “ya cállate chachalaca” que el tabasqueño pronunciar contra Fox hace seis años—con lo que no sólo lo habría exhibido, sino que lo habría orillado a romper la veda electoral y, consecuentemente, a ser sancionado por el IFE. Habrá que reconocer que, en esta ocasión, López Obrador no cayó en la provocación, lo cual revela, cuando menos, que en eso sí ha aprendido de sus errores.
     No obstante, me parece que el objetivo más claro—y que forma parte de una estrategia y no de un hecho circunstancial—fue el de ir generando lo que Pierre Bourdieu llama el illuso de que esta elección en realidad se reduce a dos contrincantes: el del PRI y la del PAN. Se presenta así la idea que López Obrador está demasiado lejos de ambos como para que sobre todo los electores indecisos –que bien pueden definir la elección—mal gasten su voto en él. Se trata de una operación en la que lo ideal es crear un ámbito electoral de carácter estrictamente bipartidista: o el PRI o el PAN, a semejanza del modelo norteamericano (demócratas o republicanos) y, en menor medida, del británico (laboristas o conservadores).
     Y digo que es una estrategia, porque ese “hecho” aparentemente aislado en que el Presidente presenta información poco confiable para legitimar a la candidata de su Partido, se liga con el “borrego” que Reforma y Proceso dieron a conocer en el sentido que Enrique Peña Nieto habría prometido al electorado femenino impulsar mejores contenidos en las telenovelas, a fin de presentar nuevos modelos de convivencia y de respeto de género. Al margen de un debate sobre este punto, varias cosas resultan interesantes:
(a)    Ninguno de los dos medios al parecer verificó la autenticidad de la fuente. Simplemente dieron por bueno un documento que si bien contenía el logotipo del PRI, fue desconocido por éste.
(b)    Ambos medios, pero en especial Reforma quien originalmente lo dio a conocer, se convirtieron en enunciantes políticos, es decir, desplazaron a los actores políticos para asumir ellos mismos la función emisora. Nuevamente, se trata de darle la vuelta a la llamada veda electoral inter-campañas. Aquí, como en el caso de la declaración del Presidente, hay una trampa de mala fe, pues saben que los aludidos (Peña Nieto y López Obrador) no pueden responder, so pena de incurrir en una falta electoral. Así, abren un frente de batalla que no puede ser pisado por el contrincante, lo cual resulta, cuando menos, en una grave falta a la ética informativa: no se verificó la autenticidad del documento de referencia y se aprovecha un momento del proceso electoral en el que los aludidos están obligados a guardar silencio.
(c)     En este caso se aprovechó un hecho que, por otra parte, resulta inevitable: la relación estrecha que guarda Enrique Peña Nieto—candidato por otra parte carente de elocuencia y visión de Estado—con la empresa Televisa, relación que parece subrayarse por su matrimonio con una de las estrellas de dicha empresa. Es decir: aun si el documento no es en realidad parte programática de la política del PRI, dadas las circunstancias personales de Peña Nieto (particularmente después de sus desafortunadas declaraciones en materia cultural y de economía doméstica), resulta perfectamente creíble que lo pudiera haber propuesto. Quien diseñó la estrategia evidentemente sabía cómo y a dónde dirigir el misil.
     Querámoslo aceptar o no, este tipo de operaciones revela una vez más, por si hiciera falta, que no hay tal cosa como la neutralidad informativa y que, de hecho, los medios de información también son actores políticos. Esto no tiene en sí nada de escandaloso. Ya Orson Wells nos obsequió, en El Ciudadano Kane, una radiografía del sentido político que puede adquirir un medio de información. Lo cuestionable es la falta de claridad del propio medio para asumirse como tal; es decir, el juego de hacerse presentar como un espacio profesional e independiente cuando en realidad hay una clara filiación ideológica o una marcada preferencia a favor o en contra de quienes legítimamente participan en el proceso electoral.
     No sugiero que Reforma o, mucho menos, Proceso le quieran hacer el caldo gordo a la Presidencia de la República. Pero sí es preocupante que, en vez de tomar distancia ante un documento de procedencia cuestionable, se dejen llevar (así sea involuntariamente) por el arrebato de azuzar un juego de dimes y diretes que poco ayuda a la construcción de una racionalidad argumentativa. Así, en vez de constituirse en espacios de mediación entre la sociedad civil y el poder político, ayudando a clarificar los términos del debate político y poniendo sobre la mesa la posible falta de confirmación de un documento o de un dato estadístico, se cargan de modo doloso hacia uno u otro extremo, distorsionando o cuando menos ayudando a enrarecer el clima político en un momento especialmente delicado.
     Ambos incidentes: la exaltación numérica de Josefina Vázquez Mota y la supuesta propuesta televisual de Enrique Peña Nieto, revelan la enorme distancia que separa la ética y la responsabilidad informativa—como ingredientes de una cultura democrática—de una práctica periodística orientada al sensacionalismo de ocasión, es decir y parafraseando a Weber, lo que separa una acción discursiva orientada a valores (sustentada en una racionalidad ético normativa), de una orientada a fines (sustentada en una racionalidad instrumental). Mientras nuestra industria mediático-informativa no asuma con claridad una ética normativa en su ejercicio, estamos frente a una forma distorsionada de la libertad de información: se ejerce no en función de la claridad y el entendimiento documentado de los hechos y discursos, sino del interés pecuniario o ideológico.
      Exigimos mucho a nuestra clase política en cuanto a su falta de claridad ideológica, su madurez discursiva y su capacidad para llegar a acuerdos o resolver problemas. ¡Qué bueno! Eso es un signo vital de la inteligencia social. Pero creo que es también nuestra obligación exigir de los medios de información un compromiso de carácter ético. Si éstos tienen ya una determinada preferencia, o bien, su contrario, una aversión política, que lo hagan editorialmente explícito.
     Creo que es válido argumentar que todo aquel que tiene la oportunidad de utilizar e incidir en el espacio público (desde los actores políticos y los líderes sociales, hasta, muy principalmente, los medios de información), están éticamente obligados a asumir esa responsabilidad—que es, también, un privilegio—a partir de un código de ética y una instancia ante la cual los ciudadanos podamos acudir para solicitar precisión y claridad de posicionamiento.
                                                          oOo

miércoles, 15 de febrero de 2012

Conceptos Elementales de la Teoría de la Estructuración de Anthony Giddens

Anotaciones introductorias a la Teoría de la Estructuración que desarrolla Anthony Giddens en La Constitución de la Sociedad

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Anthony Giddens, como Pierre Borudieu y Jürgen Habermas, desarrolla un trabajo teórico orientado en una doble dirección complementaria.

     Por un lado busca analizar los elementos objetivos que dan forma a los sistemas sociales ya estructurados (es decir, lo que se conoce como propiedades estructurales del sistema): el modo en que éstos imponen diversas constricciones normativas, económicas, políticas y culturales (en este último caso, por ejemplo, la lengua, el modo de vestir, la definición identitaria a partir del género) a los agentes sociales; el modo en que éstos interpretan ciertos roles y expectativas y los ejecutan y cómo estas operaciones se objetivan en las prácticas y procesos sociales cuya gradual rutinización eventualmente se naturaliza en los agentes (internalización), permitiendo una reproducción más o menos estable y continua del sistema social.

     En cierto sentido, esta perspectiva no difiere sustancialmente de las posturas desarrolladas por el funcionalismo (por ejemplo, la referencia a la conformación de roles de acuerdo a normas y expectativas), el estructuralismo (la referencia a la constricción del sujeto dentro de límites estructuralmente definidos por el propio sistema) y la teoría de sistemas (la referencia a los procesos por los que todo sistema articulado tiende a cerrarse en sí mismo—auto-referencialidad—y reproducirse de la manera más eficiente posible).

     Sin embargo, y por otro lado, busca comprender cómo la acción misma de los agentes sociales, al actualizar en la práctica las propiedades estructurales del sistema, no meramente las reproduce (como sí ocurre, por ejemplo, en una colmena o en una manada), sino que las matiza, las adecua y las “particulariza”, de tal forma que gradual y lentamente los va modificando y transformando, con lo que lo ya estructurado se va gradual y lentamente restructurando.

    Para Giddens este proceso puede comprenderse a partir de lo que llama dualidad de la estructura. La idea es comprender la relación dual entre el espacio estructurado en el que la acción individual y colcectiva son posibles y el modo en que, a través de ésta, dicho espacio se reestructura o modifica. No es una teoría de la revolución (que es otro modo de transformación más evidente y requiere de un análisis distinto, pues sí implica una ruptura), sino una teoría del cambio o, más precisamente, de la dialéctica entre la permanencia del sistema y la modificación de algunas de sus propiedades estructurales.

     Dos ejemplos sirven para ilustrar esta idea. Pensemos que el castellano que hablamos y escribimos hoy difícilmente guarda una relación práctica con el que se hablaba y escribía en el Siglo XVII; y sin embargo, sigue siendo castellano. En otras palabras: el lenguaje ya estructurado se encuentra continuamente en un proceso de restructuración precisamente porque es apropiado, utilizado y transformado por los agentes sociales.

     Lo mismo ocurre con la moda. En los años 20 del siglo pasado sería impensable que un empleado bancario se presentara a trabajar sin traje y corbata, o bien, que un señor o una señora de cierto grupo social salieran a la calle sin sombrero. Hoy, sin embargo, aun cuando el banco sigue siendo un banco y la vida en las calles transcurre como hace 60 años, sería raro ver a una señora o a un señor de sombrero y los empleados bancarios, sin dejar de serlo, no necesariamente despachan de traje y corbata.

    No se trata de que haya habido una revolución o una transformación radical de las propiedades estructurales del sistema; pero innegablemente ha habido un cambio, que ha modificado las normas, las expectativas y los modos de interacción de los sujetos sociales, gracias a lo cual el sistema social sigue operando. Podría decirse que se da la paradoja (o, para utilizar un término sociológico, la dialéctica) que la reproducción del sistema depende de su transformación gradual y permanente. Aquello que no se transforma, perece.

     Giddens propone como eje de su teoría el concepto de estructuración, es decir, la idea que un sistema social no aparece ya estructurado como tal y lo único que hacemos los sujetos sociales es reproducirlo tal cual, sino que es gradual y continuamente estructurado, es decir, constituido y modificado por los propios integrantes del sistema.

    La idea de sistema, es decir, se una estructura que define ciertos límites espacio-temporales a la acción, la guía y contiene, es socialmente necesaria, porque sólo en la relativa certidumbre de la continuidad más o menos previsible del sistema puede darse lo que él define como seguridad ontológica. Se sabe lo que uno es (o cuando menos se cree o se intuye) sólo en la medida en que uno se puede referir a un sistema estructurado, dentro del cual se ocupa una posición y se sigue una trayectoria. De otra manera, estaríamos perdidos en la incertidumbre y difícilmente podríamos tener una serie de convicciones y seguridades sobre lo que somos, lo que podemos hacer y hacia donde vamos.

     La estructuración es la capacidad que tienen los agentes sociales para internalizar las diversas propiedades estructurales de un sistema, apropiárselas y utilizarlas en su propio beneficio. ¿De qué sirve una determinada estructura—por ejemplo, el lenguaje—si ésta no es actualizada en la práctica? ¿Podemos imaginarnos una lengua perfectamente estructurada pero que nadie la hable? Hablar una lengua es usarla, es decir, es llevarla a la práctica y, consecuentemente, adecuarla, matizarla, transformarla.

     Para Giddens, de hecho, más que sujetos sociales (alguien que está sometido, absolutamente constreñido por un conjunto de reglas y disposiciones) y más que meros actores sociales (alguien que reproduce un papel, que sigue un libreto prescrito y simplemente lo ejecuta), los integrantes de un sistema deben definirse como agentes sociales. La idea de agencia está ligada al principio de negociación, de diligencia, se oficio: la capacidad que tenemos de negociar nuestra posición y nuestra trayectoria social, de incorporar ciertas y cosas y desechar otras, de modificar y dar un giro personal o grupal a las propiedades estructurales del sistema (como sería el caso, por ejemplo, de los giros idiomáticos y el acento que dan los mexicanos, los argentinos o los españoles a esa sistema común que es la misma lengua, o bien, incluso dentro de un mismo conjunto estructural—por ejemplo, México—el modo en el que el habla se regionaliza y adquiere incluso un carácter de “clase” social).

     El agente social no meramente reproduce un papel, sino que genuinamente lo interpreta (lo que Thompson, siguiendo a Schütz llama hermenéutica de primer grado), es decir, hace suyas, internaliza, ciertas convenciones, normas, expectativas, etc., y las reconstruye como parte de un proceso práctico de interacciones que, con base en un posicionamiento espacio-temporal, le permiten literalmente configurarse de manera más o menos individual dentro de un conjunto de relaciones (que es precisamente lo que el investigador social re-interpreta, es decir, lo que Thompson, nuevamente siguiendo a Schütz, llama hermenéutica de segundo grado, o reinterpretación de un mundo socialmente pre-interpretado por los propios agentes sociales).

     La apropiación o internalización de las propiedades estructurales de un sistema suele operar en un doble plano. Por un lado, el agente social aprende a desarrollar una conciencia recursiva de su realidad: “sabe” de modo espontáneo a qué elementos debe recurrir o cuales son los recursos con los que cuenta como parte de esa estructuración de sí mismo que lleva a cabo.  Por otra parte, el agente social puede desarrollar una conciencia discursiva, es decir, la capacidad no sólo de saber a qué elementos puede recurrir como parte de la su propia construcción intersubjetiva, sino la habilidad para objetivarlos lingüísticamente: elaborar su propio discurso como un mecanismo que le permite interactuar y relacionarse y, al mismo tiempo, negociar, defender o cuestionar el entorno dentro del cual opera.

     La construcción del agente social, dentro del marco de la seguridad ontológica que en cierto sentido brinda el sistema estructurado, es determinante en la formación de su propia identidad subjetiva y de las identificaciones que puede establecer con ciertos grupos, causas, movimientos, etc.